Muchos expertos opinan que perro de presa, alano, dogo y bulldog son distintos nombres aplicados a un mismo tipo de perro con gran diversidad de caracteristicas físicas.
De lo que no cabe duda es de que estos perros estaban muy extendidos, como lo prueba su aparición en las obras de los grandes pintores, auténticos cronistas de la realidad de la época. Así, por ejemplo, son alanos los perros que plasma Velázquez en La cacería del hoyo, que se encuentra en la National Gallery de Londres; los que refleja Goya en su captura de un toro; o los que aparecen en un grabado del romántico francés Blanchard, o en las obras de Cervantes y Lope de Vega.
En el año 1873 se describe en la prensa británica uno de los "presa hispanos" - llamado "Toro" - que exportaron allí para refrescar la sangre de sus Bulldog y que decía así: "Cuando lucha, sujeta a su adversario únicamente por la cabeza, siendo perfectamente silencioso y totalmente indiferente al dolor. Es más bien lento en sus movimientos, marcha efectuando una especie de balanceo y porta la cabeza baja".
¿Donde había alanos?
En toda Europa Mediterránea, e incluso en las Islas Británicas (Base de los antiguos mastif y bullmastif), en Alemania (Base de los antiguos Boxer y Dogos Alemanes), en Francia (Base de los antiguos Dogos de Burdeos), en Italia (Base de los conocidos mastines Napolitanos y Cane Corso), todas estas naciones y sus razas actuales proceden del mismo tronco común coincidente a su vez con la rama española.
En Portugal llamaban a los alanos, Caes de Fila, sinónimo de perro de apresar, agarrar ó sujetar.
En América las denominaciones de perros de presa o perros de toro en México; perro de bravo en Colombia, Dogo de Cuba en el Caribe, Perro de Pelea Cordobés en Argentina o Fila Brasileiro no son más que los distintivos de diferentes variedades orginarias todas de los perros de presa o alanos españoles que se llevaron inicialmente en la colonización americana.
Los perros que llevaron los conquistadores a America.
Había alguno de ellos de los cuales se narraban infinidad de anécdotas respecto a su inteligencia, valentía y fidelidad.
Algunos merecieron por sus servicios que les asignasen una paga. Fernández de Oviedo nos habla de un perro llamado "Becerrillo" que acompañaba siempre al conquistador Diego de Salazar.
Se decía que diez soldados con Becerrillo se hacían temer más que cien sin el perro. Por ello tenía su parte en los botines, y recibia una paga como la de un soldado.
Tenía varias cicatrices de flechazos, como un veterano; pero su bien merecida fama de valiente la ganó sin ser sanguinario ni ensañarse con el vencido. El final de Becerrillo fue como el de su hijo "Leoncillo", morir atravesado a flechazos en lucha con los indios.
"Leoncillo" era el perro de Núñez de Balboa, y por tanto fue el primer perro europeo que vio el Océano Pacífico. Dice el cronista López de Gomara que Leoncillo ganaba más que un fusilero. Vigilante para las emboscadas, capaz de hacer frente a un jaguar, inestimable para prevenir los terrenos pantanosos, fiero y dócil según se lo dictaba su propio criterio.
Gracias a los perros que llevaban podían descubrir sendas sin conocer el terreno. En la lucha con los indigenas, los alanos causaban tanto asombro y terror entre los indios como las armas de fuego.
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